La narrativa del Presidente en campaña

La narrativa del Presidente es capaz de convertir la liberación de Ovidio Guzmán, durante el evento conocido como El Culiacanazo, en una decisión tomada porque este gobierno pone pone en primer lugar la seguridad de la población, antes que los logros en el combate al crimen organizado.

La narrativa del Presidente es una frase ya muy difundida, tanto entre analistas como entre los propios medios de comunicación que se han dedicado a cubrir las conferencias matutinas del Presidente López Obrador, así como las acciones y decisiones de gobierno.

Quienes usamos dicha frase, solemos utilizarla para señalar cómo el Presidente ha logrado, a lo largo de estos dos años de mandato, simplificar la diversidad y complejidad de todo cuanto ocurre en una cosmovisión donde él y los suyos representan y dan voz al pueblo bueno, honesto y trabajador, mientras que sus adversarios y críticos hacen lo que hacen y dicen lo que dicen porque están a favor de la corrupción, los moches y el neoliberalismo.

Así, la narrativa del Presidente es capaz de convertir la liberación de Ovidio Guzmán durante El Culiacanazo en una decisión que se tomó porque el Presidente y su gobierno, a diferencia de los anteriores, ponen en primer lugar la seguridad de la población antes que los grandes golpes contra el crimen organizado. Sin meterse en absoluto al análisis de las aristas.

O más recientemente, la negativa de que los hospitales privados participen en la distribución y aplicación de la vacuna contra el Covid-19, que bien podría argumentarse desde la idea de que el gobierno es un igualador social que jerarquiza únicamente por grupos de edad y no por el poder adquisitivo, es traducido por la narrativa del Presidente como una decisión necesaria para evitar la corrupción y el lucro de los empresarios.

Lo anterior, sin embargo, no significa que el Presidente y su narrativa sean poco o nada creíbles. Todo lo contrario: la simpleza con la que todos los elementos de fondo pueden invisibilizarse en un cuento del bien contra el mal es lo que lo hace fácil de digerir y de replicar entre afines y simpatizantes del Presidente y de su partido.

También, al mantener un mínimo de coherencia, hace posible continuar dándole el beneficio de la duda a un Presidente que pese a todo y pese a todos ha mantenido niveles de popularidad que muchas personas en la oposición todavía no se explican.

Y es que el imaginario colectivo mexicano juega también a favor de la narrativa del Presidente, pues la consciencia colectiva de los gobiernos corruptos hacen más fácil creer que exista una mafia del poder (ahora bautizados como “los de antes”) que admitir que los problemas del país son más complejos que simplemente votar por alguien para la Presidencia de la República.

Por ello, es importante prestar atención al fenómeno político y social que son el Presidente y su narrativa de cara a un nuevo contexto, ya que no es lo mismo la narrativa del Presidente de todos los días que la narrativa del Presidente en campaña. Como tampoco será comparable lo que veremos y escucharemos del Presidente a lo largo de 2021 con lo visto y dicho por Andrés Manuel López Obrador siendo candidato en 2018.

Además, bajo la lógica del Presidente, la elección de 2021 no se trata de unos simples comicios, donde casualmente confluyen 15 gubernaturas y la renovación de la Cámara de Diputados, numerosos Congresos locales y cientos de ayuntamientos, no.

Para la narrativa del Presidente la elección del 2021 es una batalla donde está en juego el proyecto de transformación. Ni más ni menos.

Y por más que la simplificación del Presidente haga sencillo entender su narrativa y repetirla para quienes simpatizan con él y con su partido político, lo cierto es que nadie en Morena produce contenido para esa narrativa con la claridad y cantidad en la que lo ha hecho el Presidente López Obrador a lo largo de estos dos años.

De modo que, estando en riesgo el proyecto mismo, no será extraño que el Presidente intervenga como ha intervenido hasta ahora. Descalificando adversarios y aplaudiendo aliados, pero sobre todo enmarcando absolutamente todo lo que ocurra y se diga en campaña dentro de su narrativa.

Poco importarán las alianzas que haya hecho Morena en lo local, pues lo que se tenga que callar y lo que se tenga que decir deberá encaminarse a lograr el objetivo de un Presidente que, en sus propias palabras, lo que quiere es “pasar a la Historia”. Algo que puede asegurar si mantiene o incrementa su mayoría el próximo año.

@jpgalicia

Juan Pablo Galicia

Politólogo.

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