Lo que está en juego

El futuro del PRI tras el 2021

El proceso electoral de 2021 está atravesado por una serie de coyunturas: la agenda feminista y sus recientes manifestaciones, las denuncias contra Félix Salgado Macedonio, el proceso de vacunación en los distintos estados y municipios, etc.

Y si bien la pandemia de Covid-19 es un elemento contextual evidente, también lo es la Cuarta Transformación y lo que su presencia implica para los diferentes actores políticos.

Con más de dos años de gobierno, ya ha transcurrido el tiempo suficiente para que elementos del Sistema Político, que antes respondían a lógicas diferentes o eran incluso autónomas, hayan pasado a orbitar alrededor del liderazgo del Presidente López Obrador.

Uno de los ejemplos más claros de lo anterior son las estructuras de promoción del voto del PRI, las mismas que durante el Siglo XX operaron como una jerarquía paralela a la propia Administración Pública, donde promotores de manzana, de sección y de distrito se coordinaban para garantizar los triunfos del Partido de la Revolución.

Esos promotores bajaban los apoyos que “enviaba” el liderazgo al que respondían (el Diputado, el Senador o Alcalde priista de turno, e incluso el Gobernador y hasta el Presidente) y los entregaban discrecionalmente entre sus vecinos. Para recordarles después que el favor había que devolverlo, ya fuera asistiendo al mitin de algún candidato o acudiendo a votar el día de las elecciones.

De la mano de sindicatos que condicionaban derechos laborales a cambio de la disciplina del voto y hasta agrupaciones de taxistas que prestaban sus unidades para llevar a votar gente, esta estructura operó libre y abiertamente entre las décadas de los 40 y hasta los 90, pero tuvo que irse a las sombras para continuar funcionando con discreción, conforme las autoridades electorales ganaron autonomía y la oposición comenzó a ganar espacios para denunciar su existencia y operación.

Y aunque la transición del año 2000 las mermó, estas estructuras permanecieron, se adaptaron y sobrevivieron. En la CDMX, con el PRI fuera de la Presidencia de la República y sin un liderazgo real en la capital del país, las estructuras priistas migraron casi de manera natural al PRD en 1997.

En otros estados, con mayor o menor naturalidad, migraron hacia otros partidos o hasta se quedaron con el PRI, confiando en un retorno que en Yucatán llegó en 2007 y que a nivel federal consiguieron en el 2012.

Sin embargo, esta ocasión podría tener resultados diferentes.

Mientras que el PAN, una vez que le arrebató la Presidencia en el 2000, no buscó absorber la estructura creada por el PRI, Morena sí ha buscado abiertamente absorber la estructura priista. Tentando a cooperativas y sindicatos mediante la CATEM y, sobre todo, cooptando a las estructuras de promoción del voto a través de sus respectivas cabezas: priistas huérfanos de un líder y hambrientos de regresar al grupo en el poder.

De este modo, en vez de absorber a sus liderazgos de manzana y de sección, Morena ha ido tras Diputadas, Diputados, Senadoras y Senadores que le puedan garantizar una estructura que opere para ellos y para el partido, integrándolos a sus grupos parlamentarios y dándoles candidaturas en este proceso electoral de 2021. Una transacción de ganar-ganar para ambas partes.

Así, lo que está detrás de que Morena tenga candidaturas emanadas del PRI y de otros partidos, no es solamente la búsqueda de perfiles competitivos. También se trata de construirse una estructura que garantice la continuidad del proyecto de cara a 2024, aunque sea con los despojos del PRI.

Resta ver si el Partido de la Revolución dará la batalla por demostrarle a sus estructuras y a sus bases que es posible volver al poder con el PRI pues, de no hacerlo, el brinco hacia Morena será tan natural como ocurrió con la estructura priista que se fue al PRD en la CDMX.

El control de la Cámara de Diputados, el manejo discrecional del presupuesto, la falta de contrapesos en el Legislativo y la posibilidad de aprobar reformas constitucionales, sin duda son temas importantes que están en juego durante esta elección. Pero el futuro del PRI, ni más ni menos, también está en juego.

@jpgalicia

Juan Pablo Galicia

Politólogo.

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