Por superfluo que parezca frente a una pandemia global, declarar éste como el Año de la Independencia le permitirá al Gobierno del Presidente López Obrador garantizar que seguirán siendo sus temas, y no otros, los que se discutan en la arena pública.

Andrés Manuel López Obrador fue candidato a la Presidencia de la República en tres ocasiones. La última, en 2018, fue la que finalmente se vio recompensada con el triunfo del político tabasqueño.

Pero durante su primera candidatura, en 2006, el entonces candidato López Obrador afirmó durante el único debate al que asistió (el 6 de junio de 2006) que a su gobierno le tocaría el orgullo de celebrar el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana. Pues ambas fechas conmemorativas (16 de septiembre de 2010 y 20 de noviembre de 2010) caerían dentro del calendario sexenal.

Al final, el candidato Felipe Calderón terminó ganando esa elección con apenas 0.56% de ventaja oficial, siendo su gobierno el encargado de encabezar los festejos por ambos aniversarios.

Ahora, en 2021 y con el control del Gobierno Federal, la mayoría de la Cámara de Diputados y la principal fuerza política del Senado y de varios estados del país, el Presidente López Obrador ha establecido ya que este año sea declarado el Año de la Independencia.

Y es que la historia y el revisionismo constante al que sometemos nuestro pasado, se lo permiten.

Si bien estamos acostumbrados a festejar el Grito de Independencia la noche del 15 y la madrugada del 16 de septiembre, por el levantamiento insurgente de 1810, también existe en los registros oficiales la conmemoración por la Consumación de la Independencia el 27 de septiembre de 1821, cuando se dio la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México.

La razón detrás de que celebremos el inicio de la independencia nacional y no su conclusión es exclusivamente política. Pues la Consumación fue encabezada por Agustín de Iturbide, quien pasaría a la historia como traidor al coronarse Emperador y luego abdicar al trono mexicano. En cambio, a pesar de las críticas a la figura histórica de Miguel Hidalgo, su muerte en batalla le ha permitido pasar a la historia de mejor manera que a Iturbide.

Otro elemento a considerar es que el Presidente López Obrador no es el primero en preferir la Consumación de la Independencia por encima de su inicio. Aunque no muchos, en nuestro país existen grupos llamados Hispanistas que celebran el 27 de septiembre como “la verdadera independencia”; aunque, como su nombre lo indica, lo hacen como una reivindicación que busca recuperar el linaje europeo del país y negar el pasado indígena.

Evidentemente, nada tiene qué ver la decisión del Presidente López Obrador de hacer del 2021 el Año de la Independencia con los Hispanistas. Aunque no faltará alguien, dentro de esos grupos, que querrá aprovechar esta coincidencia para buscar reflectores y promover su agenda racista.

Dicho lo anterior, vale la pena preguntarse entonces cuál es la razón detrás de que el Presidente de la República quiera darle especial valor a la Consumación de la Independencia, a grado tal que ha vuelto a enviar una carta al Rey de España pidiendo que el Estado español se disculpe por la Conquista de 1521 y los 300 años de Colonia.

La carta fue mostrada por el mandatario mexicano en su conferencia matutina del lunes 11 de enero, y recibió mayor atención del Presidente y de los medios que lo cubren a pesar de que parecen haber muchos otros temas de mayor urgencia, pues la pandemia por el Covid-19 continúa, la vacunación parece avanzar lentamente, se acercan las elecciones y hay saturación hospitalaria en varios estados del país.

La respuesta es clara: el Presidente López Obrador quiere marcar claramente su agenda, y que nada ni nadie se la marque.

Y al definir que éste será el año de la reivindicación de México por la Conquista, por superfluo que ello parezca frente a una pandemia global, hará que sigan siendo sus temas y no otros los que se discutan en la arena pública nacional. Sin siquiera utilizar el tema todas las mañanas, bastará con que aparezca en momentos de apremio mediático para nuevamente girar el tablero a una posición donde las fichas nuevamente las reparta el Presidente.

Lo anterior, sin embargo, no debe confundirse con un reduccionismo. Ni perderse en el argumento fácil de que el Presidente busca celebrar el Bicentenario que no pudo encabezar en 2010 por culpa de Felipe Calderón.

Al final, confundir la narrativa del Presidente con ocurrencias es precisamente la razón detrás de que nadie, hasta ahora, haya podido hacerle frente a su capacidad de imponer agenda.

@jpgalicia

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