Los constantes señalamientos en contra de Manuel Bartlett, por probables actos de corrupción, son evidencia de que la oposición mediática y partidista ha encontrado en el ex salinista al eslabón débil de la 4T.

El domingo 10 de mayo, en su espacio de opinión en The Washington Post y en el portal LatinUs, Carlos Loret de Mola publicó un reportaje sobre cómo la casa de campaña que usó Andrés Manuel López Obrador en 2018 (y que después se convertiría en la sede del equipo de transición) era un inmueble propiedad de un socio cercano a Manuel Bartlett Díaz.

Dicho inmueble, poco tiempo después de la toma de posesión de López Obrador como Presidente de México en diciembre de 2018, fue comprado por su partido político, Morena. Esta relación y esa transacción final es la que Loret de Mola utiliza como hilo conductor para señalar que se trata de “un símbolo” de lo que es la Cuarta Transformación.

Más allá del reportaje, su publicación se suma a la lista de denuncias mediáticas que se han hecho en contra de Manuel Bartlett, hoy Director General de la Comisión Federal de Electricidad y conocido ex funcionario durante gobiernos priistas de antaño, especialmente cuando fungió como Secretario de Gobernación en 1988, durante la famosa “Caída del Sistema”.

Entre las denuncias que anteriormente se han hecho contra el ex funcionario salinista, destaca otro también promocionado por Carlos Loret de Mola e investigado por la periodista Areli Quintero llamado “Bartlett Bienes Raíces” que relata cómo, a través de prestanombres y familiares, Manuel Bartlett tiene 25 inmuebles que no reportó en su Declaración Patrimonial.

Este caso incluso motivó que se ordenara una investigación por parte de la Secretaría de la Función Pública (SFP), la cual concluyó -al igual que con el caso de “La Casa Blanca de Enrique Peña Nieto”- que no había ilegalidad que perseguir.

Pero no es la cantidad de denuncias en contra de Bartlett lo que aquí, sino lo que eso dice acerca de la estrategia actual de la oposición.

A mi parecer, los constantes señalamientos en contra de Manuel Bartlett son evidencia de que la oposición, partidista y mediática, ha detectado en el ex salinista al eslabón débil de la autodenominada Cuarta Transformación. Un hallazgo que no es menor, pero que aún dista de ser suficiente para minar la popularidad del Presidente de la República.

Y es que Bartlett Díaz, además de ser hoy funcionario del gobierno de la 4T, es uno de los referentes de la raíz ideológica de lo que significa ser “de izquierda” en México: el nacionalismo revolucionario. Y esa sola credencial ha sido suficiente para que varias personas dentro del Gobierno Federal o en su órbita defiendan lo que Bartlett representa en la historia política reciente.

Tal vez sea por eso, que la oposición ha concentrado sus baterías en investigar probables casos de corrupción, anteriores o presentes, en Bartlett. Un político de la vieja guardia priista, heredado por el PRI al lopezobradorismo y con un cargo en el gobierno actual, es la combinación perfecta para demostrar la tesis que la oposición ha esgrimido con mayor ahínco en contra de Andrés Manuel López Obrador desde 2015, cuando Morena apareció en la escena política ganando elecciones locales: son lo mismo.

La esperanza de la oposición que está en el PAN y de la que está en los medios de comunicación, nacionales o extranjeros, es dar con una evidencia que sea indefendible para lograr, una de dos: o que el Presidente López Obrador mantenga su respaldo a Bartlett, mostrándolo como encubridor de los actos de corrupción del ex salinista; o provocar que los miembros de la 4T e incluso el propio Presidente le pida la renuncia a Bartlett, admitiendo que su conducta fue corrupta y, con ello, pueda la oposición cantar una victoria que tanta falta le hace.

La pregunta que debería hacerse la oposición, luego de dos reportajes y el mismo número de desestimaciones del caso por parte del Presidente, es si están dispuestos a seguir usando recursos y tiempo en un tiro al blanco que, aunque parezca sencillo y hasta prometedor, no les garantiza la victoria simbólica que buscan. Pues el Presidente de la República, lejos de ir perdiendo credibilidad, parece mantener firme sus buenos números en las últimas encuestas.

De seguir así, el riesgo para la oposición es que lleguen sin dinero, y sin tiempo, no solamente a 2021. Sino incluso a 2024.

@jpgalicia

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